Cultura de inocuidad eje fundamental de la calidad

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Cuando la organización logra un nivel de conciencia y de apropiación de los criterios de inocuidad, nuestro plan de capacitación deja de ser un programa prerrequisito más y se convierte en la columna vertebral de toda la implementación de un Sistema de Gestión de Inocuidad basado en la cultura de inocuidad puesta de manifiesto no como un deber u obligación, sino como un estilo de vida. Conocimiento y conciencia, de acuerdo. Se requiere además motivación La cultura de inocuidad va más allá de implementar criterios y normas, de ejecutar planes y procedimientos. Esta lleva consigo intrínseca una filosofía de vida que se refleja en el actuar diario de quienes tienen la responsabilidad de ejecutar, mantener y garantizar que las empresas produzcan alimentos sanos y seguros.

Desde quienes lideran las organizaciones, hasta el último eslabón de la cadena productiva, deben asumir el rol de manejo constante y permanente del concepto de inocuidad en todo su accionar. El concepto de cultura de inocuidad traspasa las fronteras de la empresa productora de alimentos. No es consecuente ni lógico, que un operario se esfuerce así sea de manera casi que obligada, por mantener la salubridad de un alimento durante su jornada laboral y luego llegue a su hogar a manipular alimentos sin haber lavado sus manos, o sin colocarse al menos un mandil o delantal, sin lavar adecuadamente los utensilios y en definitiva, sin garantizar las condiciones mínimas de un proceso productivo seguro para su familia y sus seres queridos. En ocasiones, manejamos el concepto contradictorio de asegurar la inocuidad de los productos solamente en nuestro puesto de trabajo.

¿Educar y capacitar al manipular?

Al terminar la jornada, casi que borramos la cinta y cambiamos de rol, llevando a cabo prácticas inadecuadas en nuestro hogar, consumiendo alimentos en lugares que no nos ofrecen confianza desde el punto de vista de la sanidad del alimento y en definitiva realizando acciones que no pueden ser enmarcadas en los parámetros de la cultura de inocuidad.

El manipulador “educado” en los conceptos básicos de la cultura de inocuidad, pone de manifiesto en todo su accionar los preceptos que redundan en la salubridad final del alimento que se consume o manipula. El líder de la organización y los altos mandos, deben favorecer los medios tecnológicos, logísticos, financieros y administrativos para que los preceptos y principios de inocuidad se procuren y no entorpezcan la implementación de los planes y programas tendientes a asegurar la inocuidad de los productos.

Pero así mismo tienen el reto definitivo de generar conciencia de inocuidad, de hacer que su personal viva la inocuidad como filosofía de vida. Cuando tomamos conciencia de la importancia de consumir alimentos sanos, nutritivos y con características organolépticas que satisfagan las necesidades del consumidor, no sólo lo podemos considerar como una responsabilidad de las empresas productoras de alimentos, o de los organismos de vigilancia y control del estado, la obligación de velar por la seguridad de los productos. La cultura de inocuidad, demanda un compromiso más profundo.

Propone que cada acción que llevemos a cabo en relación al consumo de productos, incluso de tipo no alimentario (medicamentos y cosméticos), lleve consigo el criterio de responsabilidad que involucra consumir un producto que, de no mantener los criterios de salubridad e inocuidad, puede ocasionar un riesgo para la salud del consumidor. La apropiación de la cultura de inocuidad, es la que nos hace ser competitivos frente a los retos que implica hoy la comercialización de alimentos en el mundo. Las legislaciones son cada vez más estrictas en cuanto a lo que se refiere a la normatividad que enmarca el manejo de alimentos.

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Los países y entes comunitarios, cada vez elaboran leyes más intrincadas que pretenden asegurar que a la mesa de los consumidores, llega un producto salubre e inocuo, rico en nutrientes, con aporte de componentes saludables y agradables al gusto de quien lo consume. Es necesario que todos los actores de esta cadena seamos conscientes del papel y el rol importante que desempeñamos en la apropiación y puesta en marcha de esta cultura de inocuidad, para que cada vez sean menos los riesgos que corremos, frente a los alimentos que consumimos y a su vez para que nuestros productos sean más competitivos y garantes de la calidad, salubridad e inocuidad.

amlsafeconsulting@gmail.com

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